Estrasburgo versus Luxemburgo: ¿Dónde acudir en caso de problema?

La inminencia del Brexit, la aparente relativización de algunos de los valores básicos de eso que llamamos Europa, los cambios de liderazgo que se vienen sucediendo y, en ocasiones, los vacíos de poder y el auge de populismos, hacen necesario que recapacitemos sobre la importancia de las instituciones europeas con un poco de pedagogía sobre su origen y desarrollo. Sólo sabiendo de dónde venimos podemos decidir, al menos con algo de acierto, hacia dónde vamos. Con este breve trabajo se pretende ofrecer una visión de la construcción europea, destacando la importancia de la misma y los riesgos de perderla.

La formación de la Unión Europea en un minuto

A pesar de la escasa importancia que se le otorga en ocasiones, podemos decir que la construcción de lo que hoy conocemos con Unión Europea comienza por una asociación de carácter, aun hoy, netamente internacional como es el Consejo de Europa, con sede en Estrasburgo. Constituido por el Tratado de Londres el 5 de mayo de 1949, aglutina en la actualidad a 47 países, siendo la institución más antigua en la consecución del ideal de integración europea. Consta de diversos órganos internos – Asamblea parlamentaria, Comité de Ministros y Secretaría General-, destacando sin duda por su relevancia política en la protección de los derechos humanos, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH).

Un Derecho menos internacional y más supranacional

De este germen europeísta surge la Unión Europea que, a diferencia del anterior, se rige por un derecho menos internacional, aunque sigue conservando matices del mismo, y más supranacional, esto es, con carácter vinculante y cesiones de soberanía de los Estados que forman parte de la misma. Su construcción es paulatina y posterior al Consejo de Europa, aglutina a menor número de países y, a diferencia del anterior, ha encontrado su mayor punto de cohesión en la formación de un mercado único de personas, capitales y servicios. Si el Consejo de Europa pretende la unificación en protección de derechos humanos en el mayor número de países de la órbita europea, podemos decir que la Unión Europea y las diferentes instituciones que la conforman, parten de esa protección de base para ir más allá. Esto es, desde el acervo común y consolidado de la protección de los derechos más básicos, pretenden una unión mayor en términos políticos, jurídicos y económicos.

Dos tribunales 

La diferente aspiración de uno y otro ámbito de actuación se detecta claramente en el diferente contenido de los casos que llegan y se resuelven en los dos tribunales que se han conformado en torno a ambos. Así, el anteriormente mencionado TEDH aborda los ataques al Convenio Europeo de Derechos Humanos. Esto es, los casos que llegan al mismo están íntimamente relacionados con los derechos inalienables y más básicos del hombre. Por el contrario, los supuestos de hecho que alcanzan el Tribunal de Justicia de la Unión Europea sito en Luxemburgo están claramente ligados al desarrollo normativo de los tratados constituyentes de la misma. En definitiva, parten de una normativa de carácter más supranacional, pero, a la par y como contraprestación, abordan cuestiones menos sensibles para los Estados miembros que los derechos humanos en sí.

Este diferente enfoque de una y otra institución a la hora de abordar la realidad se observa en los siguientes casos en que el mismo problema se analiza y corrige desde diferentes perspectivas.

El caso Albarracín

En el ámbito más amplio del Consejo de Europa destaca el caso Albarracín. El supuesto de hecho presentaba a una ex-interna argentina a la que se le había decretado la expulsión vía art. 57.2 LOEx, a pesar de tener una hija española. La STC 186/2013, de 4 de noviembre, no tuvo en cuenta las circunstancias de arraigo que concurrían en el caso para revocar dicha expulsión. Finalmente, nuestro Gobierno, frente a la condena que preveía, se vio en la obligación de realizar la Declaración Unilateral del Reino de España de 27 de noviembre de 2014 ante el TEDH, en la que reconocía el error y la desproporcionalidad de su decisión por infracción del art. 8 del Convenio Europeo sobre el derecho a la vida e intimidad familiar.

En el contexto europeo más concreto de la Unión, se está produciendo una evolución jurisprudencial muy interesante y progresiva en nivel de protección del extranjero irregular. Sin embargo, a diferencia de la anterior, la problemática no se aborda desde el derecho humano a la intimidad y vida familiar, sino desde la protección del derecho a la libre circulación. Por su importancia, destacamos la STJUE de 13 de septiembre de 2016, en el caso Rendón; la STJUE de 10 de mayo de 2017 que profundiza la anterior y la reciente STJUE de 8 de mayo de 2018. En el caso Rendón, la STJUE de 13 de septiembre de 2016 declaró contraria a los arts. 20 y 21 del Tratado de Funcionamiento la normativa nacional que permite una decisión automática de no renovar la residencia a extranjeros que tengan antecedentes penales si, como sucedía en el supuesto concreto, el extranjero condenado cuenta con hijos nacionales de Estados miembros dependientes del mismo.

Ello al considerar que dicha normativa conculca el derecho a residir y circular libremente en el territorio de la UE del menor europeo dependiente económicamente de dicho extranjero. Avanzando en el mismo camino, la STJUE de 10 de mayo dio un paso más y estableció que esa dependencia puede apreciarse incluso en los casos en que el progenitor comunitario contribuya a la manutención del menor. Por su parte, la STJUE (Asunto C-82/16 contra Bélgica), de 8 de mayo, consolida con paso firme la senda jurisprudencial de reconocimiento del derecho a la libre circulación e, indirectamente, el derecho a la intimidad y vida familiar de los ciudadanos europeos, pues establece la obligación de realizar dichas valoraciones de dependencia, arraigo e intimidad familiar, no sólo para los supuestos de irregularidad administrativa y/o comisión de delito, sino incluso en los casos en los que se ha llevado a cabo la medida de expulsión, concurre prohibición de entrada y ésta puede deberse a motivos de orden público.

Normativa internacional versus normativa supranacional

Y volvemos al principio para cerrar esta reflexión. El importante matiz, el hecho de que el TEDH actúe bajo normativa internacional y el Tribunal de Luxemburgo bajo normativa supranacional, no debe hacernos pensar que el primero tiene menos importancia que el segundo. El carácter tan sensible de sus resoluciones, afectando lo más básico de los derechos humanos, hace que las mismas tengan un mensaje político de primer orden para los países condenados. Tanto que, como hemos expuesto, prefieran elaborar una declaración reconociendo su error que soportar una sentencia condenatoria.

A su vez, el hecho de que en el marco de la Unión se haya podido avanzar en términos de cohesión y cesión de soberanía se debe en gran medida a la existencia previa de ese otro ámbito de actuación que conforma el Consejo de Europa. Finalmente, criticar a la Unión Europea por ser una mera una unión de mercados es desconocer sus orígenes. Sin duda, se trata de una unión de mercados, línea de actuación en la que normativamente más avanza. Pero lo hace, no olvidemos, sobre la base de una cultura jurídica básica y común en protección de derechos humanos. De nosotros depende valorar y ensalzar su grandeza.

 

María del Puerto Solar Calvo es autora en Reus de la siguiente publicación:
 

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