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Las claves del Internet de las Cosas que se nos viene encima

El Internet de las Cosas lleva cierto tiempo entre nosotros. Ya estamos presenciando muchos de sus usos innovadores en varias industrias, así como los riesgos potenciales que esta tecnología puede tener.

En 2020, el 90% de los coches con sistemas IoT

Según un estudio de IBM realizado en 2017, para 2020 hasta el 90 por ciento de los automóviles podrán tener incorporados sistemas de IoT, en comparación con menos del 10 por ciento en 2013. Con esta tecnología, los conductores pueden controlar si su vehículo necesita mantenimiento, la seguridad de su conducción, e incluso la eficiencia del gasto de combustible según la ruta elegida. Pero estas prestaciones también hacen que sus coches sean vulnerables a sufrir un ciberataque.

Por ejemplo, es posible rastrear la ubicación de los coches con acceso a Internet, determinar su velocidad, encender y apagar sus intermitentes, luces, limpiaparabrisas o radios a distancia, interferir con los dispositivos de navegación y, en algunos casos, controlar los frenos y la dirección asistida. La incorporación de serie de características de seguridad rigurosas es esencial.

De por qué es fundamental incorporar mayores medidas de seguridad en el Internet de las Cosas, según @moisesbarrioa Clic para tuitear

Interrogantes jurídicos

Pero esta realidad también abre interrogantes urgentes desde el punto de vista jurídico:

  • ¿Cómo afectarán los intentos de armonizar los marcos jurídicos de privacidad y seguridad en los sistemas IoT al ritmo fotónico de la innovación?
  • ¿Qué efectos tendrán las normas jurídicas estatales fronterizas en los sistemas y empresas de IoT transfronterizos?
  • ¿Los operadores de servicios esenciales se adaptarán adecuadamente al crecimiento proyectado en el número de dispositivos interconectados del IoT?
  • O ¿hasta qué punto los ciberataques de alto nivel erosionarán la confianza de los consumidores y ralentizarán la adopción de sistemas IoT?
  • Al igual que sucede con otras cuestiones de gobernanza de Internet, los diferentes conjuntos de intereses en presencia entran aquí en tensión.
Principales interrogantes jurídicos para la implementación del Internet de las Cosas, según @moisesbarrioa Clic para tuitear

Las smart cities

En ámbitos públicos las ciudades y municipios inteligentes están incorporando tecnologías del Internet de las Cosas por ejemplo en sus sistemas de control del tráfico, de alumbrado o de recogida de basuras. Como muestra, los semáforos pueden ser programados para gestionar el flujo de tráfico y reducir los embotellamientos en tiempo real. Las farolas de las calles pueden ahorrar electricidad al oscurecerse automáticamente cuando los sensores detectan que no hay nadie alrededor, y los contenedores de basura pueden avisar de cuándo se tienen que recoger. Tal tecnología tiene el potencial de revolucionar a los constructores y gestores de infraestructuras y servicios públicos.

Pero, a menos que las smart cities integren fuertes medidas de seguridad al desplegar estas infraestructuras, sus equipamientos podrían ser vulnerable al ataque de hackers adolescentes que intentan hacer travesuras o de los terroristas que desean paralizar una ciudad entera.

Los débiles límites de la intimidad y la privacidad

Además de las preocupaciones en materia de seguridad, el Internet de las Cosas también plantea una serie de implicaciones relevantes para la intimidad y la privacidad, en particular y muy significativamente con respecto a los dispositivos de consumo. No hay duda de que la tecnología del IoT puede mejorar la experiencia de un consumidor en formas grandes y pequeñas.

Por ejemplo, para maximizar la eficiencia energética, el termostato de cada habitación puede ser controlado remotamente e incluso ajustar las temperaturas por sí mismo una vez que aprenda sus patrones. En este sentido, Amazon ha introducido un botón Dash® que permitirá a los clientes pedir automáticamente ciertos artículos domésticos con pulsar una tecla. Pero, ¿qué hacen estas empresas con las cantidades masivas de datos que recogen sobre sus clientes? O ¿qué tipo de información proporcionan a los consumidores sobre sus políticas de privacidad y qué opciones tienen los usuarios de decidir cómo se utilizan sus datos? Y ¿cómo protegerán las compañías su información confidencial para no verse comprometidas en un ciberataque? Todas éstas son cuestiones que deben ser consideradas ya que esta tecnología continúa expandiendo su alcance a un ritmo exponencial.

¿Cómo protegerán las compañías su información confidencial del IoT para no verse comprometidas en un ciberataque?, según @moisesbarrioa Clic para tuitear

 ‘Wearables’

Por apuntar otro ejemplo relevante, millones de ciudadanos usan dispositivos y prendas que registran su actividad física y otros indicadores de salud. Ya hay compañías de seguros que están ofreciendo a sus clientes un descuento en las pólizas si emplean tales dispositivos y demuestran un estilo de vida saludable, pero más allá de fomentar un comportamiento más sano por parte de sus asegurados, no está claro de qué otra manera las compañías de seguros pueden intentar utilizar esta información personal en el futuro. ¿Se venderá para fines de marketing?, o ¿también se utilizará de manera discriminatoria para determinar su idoneidad para el crédito o el trabajo?

Así las cosas, se deriva de todo esto el fenómeno que Byung-Chul HAN ha bautizado como la sociedad de la transparencia. Las TIC, el IoT y los modernos dispositivos y objetos hiperconectados nos “desnudan” socialmente. Es por ello que es “ingenua la ideología de la Post-Privacy”, que exige “en nombre de la transparencia un total abandono de la esfera privada con el propósito de conducir a una comunicación transparente”. Ambos conceptos son icono, símbolo total del Internet de las Cosas: la comunicación entre personas, cosas, máquinas y ambientes que hace transparente y vulnerable lo que sucede en su seno, en su entorno.

La tensión entre innovación e interoperabilidad

Por otra parte, los ecosistemas del Internet de las Cosas, creados por empresas de distintos sectores, incluidas las industrias TIC pero no sólo éstas, no han procurado aplicar estándares abiertos que propicien la competencia. Puede detectarse, contrariamente a las tradiciones de Internet, que existe un resurgimiento de los enfoques de plataformas cerradas en oposición a la interoperabilidad y la competencia. Estos modelos, por diseño o al menos como resultado práctico, encierran a los usuarios en ecosistemas patentados que impiden la competencia y la máxima innovación en el mercado.

A lo largo de la mayor parte de la historia de Internet, los enfoques anticompetitivos y exclusivos (cabe recordar aquí los sistemas cerrados, patentados y no interoperables de los años setenta y ochenta del siglo pasado) se han considerado contrarios a la innovación y fueron sustituidos por los estándares técnicos y protocolos abiertos (por ejemplo, TCP/IP y HTTP), que han impulsado la innovación y las nuevas ofertas de productos. En definitiva, han sido los motores del éxito de la Red.

Pero muchos de los sistemas del Internet de las Cosas son cerrados e incompatibles, lo cual puede servir para controlar mejor la vigilancia invasiva, los ciberataques y los conflictos digitales. Frente a ellos, los sistemas abiertos, que se desarrollan típicamente en enfoques más participativos e interempresariales y que permiten la verificación pública, suelen tener características de seguridad reforzadas y menos vulnerabilidades del protocolo que las especificaciones patentadas, que se cierran en su desarrollo y no están abiertas a la inspección y a una amplia supervisión técnica. Ésta es otra de las cuestiones a dilucidar.

La tensión entre innovación e interoperabilidad en el IoT, según @moisesbarrioa Clic para tuitear

Claves a la hora de legislar sobre el IoT

El Internet de las Cosas ya ha dado lugar a importantes avances tecnológicos, y a medida que se amplía su alcance, tiene el potencial para impulsar la próxima revolución de Internet. El reto urgente es encontrar el equilibrio adecuado entre promover esta innovación y garantizar que la seguridad y privacidad estén protegidas mientras esta valiosa tecnología continúa creciendo.

El cambio tecnológico del IoT requerirá marcos jurídicos claros, nacionales pero sobre todo de ámbito europeo e internacional, para brindar seguridad jurídica en el sector. Éstos deberán, al menos, abordar las siguientes cuestiones:

  • en primer lugar, la forma de identificación de los objetos;
  • en segundo lugar, la autoridad encargada de asignar la identificación;
  • además, los medios para obtener la información relativa al objeto;
  • luego, la garantía de la seguridad de la información;
  • seguidamente, los estándares técnicos;
  • en penúltimo lugar y muy relevante también, el marco ético y jurídico general de derechos y obligaciones en el IoT;
  • y, finalmente, los mecanismos de control.

La dificultad radicará en la capacidad de elaborar normas jurídicas lo suficientemente flexibles e innovadoras como para adaptarse al entorno de progreso y con ciberamenazas en rápida evolución inherentes a la tecnología del IoT. Aunque se han hecho algunos avances en este ámbito, fundamentalmente dentro de la Unión Europea (al menos sobre el papel), queda por ver cómo se aplicarán en la práctica los instrumentos jurídicos recientemente adoptados.

Por último, la regulación jurídica del Internet de las Cosas debe hacerse mediante leyes y normas reglamentarias, pero también incluyendo la colaboración público-privada, y reforzando la colaboración internacional entre los Estados y los actores transnacionales, toda vez que los fenómenos insertos en su seno tienen tendencia a estar relacionados con las jurisdicciones de múltiples Estados involucrados para regular lo que ocurre en las redes, los delitos que se cometen en ellas, así como prevenir y sancionar los atentados contra derechos fundamentales, como la libertad, la seguridad, la intimidad o la protección de datos.

El Internet de las cosas en Europa, según @moisesbarrioa Clic para tuitear

Para concluir, también hay que subrayar el papel que tienen los profesionales de la ingeniería, las matemáticas y las ciencias de la informática, entre otros expertos técnicos cualificados, para contribuir a la seguridad y, a su vez, a la privacidad en el entorno del Internet de las Cosas. Esto es así porque se harán cada vez más necesarias nuevas arquitecturas de red inmunes a la ruptura de la seguridad y a la invasión de la privacidad de las personas con tales rasgos estructurales incrustados en su diseño.

Esto implica que es urgente elaborar estándares jurídicos y tecnológicos que proporcionen entornos seguros y fiables, que eviten la percepción de los usuarios de que la utilización de estos servicios les hace vulnerables ante personas u organizaciones oportunistas que obtengan beneficio menoscabando sus derechos.

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